La informalidad laboral en Perú afecta a millones de trabajadores y representa un enorme desafío para la economía nacional. Entender por qué es tan alta implica analizar factores históricos, económicos y sociales que perpetúan esta situación y dificultan el desarrollo y bienestar de la población.

Contexto histórico y económico de la informalidad

La historia reciente de Perú refleja cómo las dinámicas económicas y sociales marcaron la configuración actual de la informalidad laboral. La década de 1980 representó una época de grave inestabilidad macroeconómica: hiperinflación, severo descenso del PBI y políticas públicas inconsistentes. Durante esta crisis, la confianza en el Estado y en el trabajo formal disminuyó de forma drástica. Una gran cantidad de puestos de trabajo asalariados en el sector público y privado desaparecieron, mientras el empleo informal y el autoempleo emergían como respuesta ante la ausencia de alternativas.

A finales de esa década y en los años 90, se aplicaron políticas de ajuste estructural impulsadas por organismos internacionales. El Estado redujo drásticamente su tamaño y gasto, privatizando empresas públicas y flexibilizando el mercado laboral con la expectativa de estimular el crecimiento económico. Sin embargo, el tejido productivo –compuesto mayoritariamente por micro y pequeñas empresas con baja productividad y poco acceso al crédito– no logró generar empleos formales suficientes. La transición del agro a la ciudad, impulsada por la migración interna masiva, provocó el crecimiento desordenado de áreas urbanas y asentamientos marginales. Muchos migrantes encontraron empleos precarios en servicios, comercio y construcción informal.

Según datos del INEI, en 1990 más del 60% de la PEA urbana ya se encontraba fuera de la formalidad. En sectores como comercio minorista y agricultura, la informalidad superaba el 85%. Esta estructura fragmentada persistió durante las décadas posteriores, aun con el crecimiento macroeconómico. Ya entrado el siglo XXI, pese a los avances institucionales y cierta reducción de la pobreza, la informalidad sigue siendo una salida laboral para quienes no encuentran espacio en la economía formal.

Actualmente, se estima que cerca del 70% del empleo total en Perú es informal, afectando especialmente a mujeres, jóvenes y trabajadores rurales. Este fenómeno se arraiga en factores históricos y económicos estructurales, que limitan tanto la productividad de las empresas como el acceso de la población a empleos dignos (más sobre el contexto económico peruano en la evolución de la economía peruana). Los desafíos actuales solo pueden comprenderse a la luz de este pasado y su herencia en el mercado de trabajo.

Factores que perpetúan la informalidad laboral

Durante las décadas posteriores a la crisis de los 80 y las reformas estructurales de los 90, la informalidad en Perú no solo persistió, sino que se expandió en nuevos frentes. El crecimiento económico experimentado desde el año 2000 no logró integrar plenamente a los trabajadores en empleos formales y protegidos, en parte por la rigidez normativa, la fragmentación productiva y la baja capacidad estatal para fiscalizar y promover el empleo formal.

Hoy, cerca del 70% de los ocupados en Perú trabaja en la informalidad, con una presencia particularmente alta en el sector comercio, la agricultura familiar y el rubro de servicios personales. Los micro y pequeños negocios de baja productividad absorben a buena parte de los migrantes rurales, pero no cuentan con los recursos necesarios para cumplir regulaciones laborales, tributarias y de seguridad social. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el 90% del empleo rural es informal, mientras que en las áreas urbanas esta cifra se mantiene alrededor del 60% en sectores como la construcción y el transporte.

En el mercado laboral, los salarios informales suelen ser significativamente menores que en el sector formal, y la brecha de acceso a protección social y jubilación es amplia. Esto evidencia la persistente dualidad del tejido productivo nacional. Procesos como la digitalización y el auge del autoempleo por plataformas no están exentos de aportar nuevas capas de informalidad, principalmente entre jóvenes y mujeres.

Los factores históricos, sumados a un sistema institucional poco adaptado a las realidades del Perú profundo, explican por qué la informalidad no es un fenómeno meramente transitorio, sino estructural. Para profundizar en cómo funcionan segmentaciones similares en América Latina, puede consultarse la guía La economía informal en América Latina, que describe las dinámicas comparadas y retadoras de la informalidad en la región.

Impactos económicos y sociales de la informalidad

El desarrollo de la informalidad laboral en Perú tiene raíces profundas en su historia reciente, especialmente a partir de la crisis económica de los años 80. Durante ese periodo, la economía peruana experimentó hiperinflación, recesión y una drástica caída del ingreso per cápita. El Estado redujo su capacidad de intervención, disminuyendo la provisión de servicios y reduciendo el empleo público. Muchas empresas quebraron y la demanda por trabajo formal se desplomó, forzando a gran parte de la población a buscar alternativas de subsistencia fuera del marco legal y regulado.

En los años 90, el país implantó políticas de ajuste estructural orientadas a estabilizar la economía y abrir mercados. La liberalización y la reducción del Estado formalizaron ciertos sectores, pero simultáneamente muchos trabajadores, sobre todo migrantes internos llegados de zonas rurales a la ciudad, quedaron excluidos del proceso. Esta migración interna tuvo un papel clave: miles de personas llegaron a Lima y otras ciudades para escapar de la violencia y la pobreza rural, sin lograr acceder a empleos protegidos o con acceso a seguridad social.

El sector informal, que inicialmente servía como colchón ante el desempleo formal, se afianzó como parte estructural del mercado laboral peruano. Sectores como el comercio minorista, la agricultura, la construcción y los servicios urbanos absorbieron a la mayoría de estos trabajadores. Según el INEI, hasta un 70% de la PEA ocupada sigue en la informalidad en 2023, mostrando la resiliencia de estos mecanismos fuera de la regulación estatal.

Este contexto—marcado por la pérdida de empleos formales, la migración interna y la recomposición del tejido productivo—explica cómo la informalidad laboral evolucionó de respuesta temporal a una condición persistente en la economía peruana. Para entender el impacto y el funcionamiento de estos mercados laborales paralelos, puedes ver cómo se estructuran los mercados laboral formal e informal en el Perú.

Soluciones y caminos hacia un mercado laboral formal

El fenómeno de la informalidad laboral en Perú no se puede entender sin analizar el trasfondo económico e histórico de las últimas décadas. A partir de la década de 1980, Perú enfrentó severas crisis económicas caracterizadas por hiperinflación, recesión, incremento de la pobreza y la desorganización institucional. Estos problemas se agravaron por la aplicación de políticas de ajuste estructural impulsadas por organismos internacionales, las cuales implicaron la reducción del gasto público, la flexibilización laboral y la liberalización del mercado. El desempleo y subempleo aumentaron drásticamente, mientras el Estado reducía su capacidad de regulación y fiscalización.

En este contexto, la migración interna jugó un papel crucial. Miles de personas provenientes de zonas rurales, afectadas por la violencia interna y la crisis agrícola, se trasladaron a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Al no encontrar empleo formal, muchos terminaron como trabajadores independientes o en pequeñas unidades productivas, sentando la base de la expansión del sector informal urbano. El tejido productivo sufrió una transformación, con un crecimiento acelerado de actividades como el comercio ambulatorio, servicios personales y microemprendimientos.

Durante los años 90, la reestructuración productiva y la apertura a la economía global profundizaron la precarización laboral. Las empresas buscaron reducir costos evitando la formalización de contratos y cargas sociales. Como resultado, hacia el año 2000, cerca del 60% de la PEA urbana trabajaba en condiciones informales, según INEI.

Sectores como la construcción, agricultura y comercio han sido consistentemente los más afectados. Actualmente, la informalidad abarca más del 70% del empleo total, una cifra que refleja la combinación de factores históricos, migratorios y políticos. Para comprender cómo estos eventos pasados explican el presente, puedes profundizar en las causas de la economía informal en Perú y analizar cómo el mercado laboral sigue reproduciendo estos patrones.

Conclusiones

Comprender las causas profundas de la informalidad laboral en Perú es vital para tomar acciones efectivas y sostenibles. Solo a través de educación, propuestas de política y el compromiso de la sociedad se abrirán caminos hacia la formalidad y el bienestar. Amplía tus conocimientos con nuestros cursos y sé parte del cambio hacia una economía más equitativa.

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