La curva de Phillips: la difícil relación entre inflación y desempleo

Pocas ideas en macroeconomía han generado tanto debate como la curva de Phillips. Formulada en 1958 por el economista neozelandés William Phillips, esta relación sugiere que existe una conexión inversa entre la inflación y el desempleo: cuando uno baja, el otro sube. Pero, ¿se cumple realmente esta regla en la economía moderna? La respuesta es más compleja de lo que parece.

El origen de la curva de Phillips

William Phillips analizó datos del Reino Unido entre 1861 y 1957 y encontró un patrón claro: en los años con bajo desempleo, los salarios subían más rápido. Más tarde, Paul Samuelson y Robert Solow extendieron la idea a Estados Unidos, reemplazando los salarios por la inflación general de precios. Así nació la versión más conocida de la curva.

La intuición es sencilla: si el desempleo es bajo, las empresas compiten por trabajadores, suben los salarios y trasladan ese aumento a los precios. En cambio, si hay mucho desempleo, los salarios y los precios crecen poco.

📚
GRATIS

10 Conceptos Económicos que Todo Adulto Debe Conocer

Una guía gratuita con ejemplos del mundo real — sin matemáticas avanzadas

🔒 Sin spam. Solo contenido de valor sobre economía.

El golpe de los años setenta

Durante la década de 1970, la curva de Phillips dejó de funcionar. Muchos países experimentaron estanflación: alta inflación y alto desempleo al mismo tiempo. Economistas como Milton Friedman y Edmund Phelps habían anticipado esta posibilidad. Argumentaron que, en el largo plazo, la inflación no reduce el desempleo, porque los trabajadores y las empresas terminan ajustando sus expectativas.

De ahí surgió la idea de la tasa natural de desempleo, también llamada NAIRU: el nivel de desempleo compatible con una inflación estable. Si el desempleo cae por debajo de ese punto, la inflación tiende a acelerarse.

La curva de Phillips hoy

En las últimas décadas, la relación se ha vuelto aún más débil. Países como Estados Unidos y Japón han registrado tasas de desempleo muy bajas sin grandes presiones inflacionarias, al menos hasta los choques globales recientes. Algunos factores explican este aplanamiento:

  • La globalización del comercio, que limita el poder de las empresas para subir precios.
  • La mayor credibilidad de los bancos centrales, que anclan las expectativas de inflación.
  • El cambio tecnológico y la automatización, que reducen la presión salarial.
  • La pérdida de fuerza de los sindicatos en muchas economías desarrolladas.

¿Por qué importa para los bancos centrales?

La curva de Phillips sigue siendo una herramienta clave para diseñar la política monetaria. Cuando un banco central baja las tasas de interés para estimular la economía, espera reducir el desempleo a costa de algo más de inflación. Cuando las sube, busca enfriar los precios aceptando un poco más de desempleo. El reto está en estimar correctamente dónde se ubica la tasa natural y cómo reaccionarán las expectativas.

Una herramienta imperfecta pero útil

La curva de Phillips no es una ley de hierro. Es una relación empírica que cambia con el tiempo, las instituciones y la psicología de los agentes económicos. Comprenderla ayuda a entender por qué la lucha contra la inflación rara vez es indolora y por qué los bancos centrales suelen caminar sobre una cuerda floja entre estabilidad de precios y empleo.

Para quienes recién se acercan a la economía, esta curva ofrece una lección valiosa: las teorías más elegantes tienen límites, y los datos siempre tienen la última palabra.

Artículos relacionados

¡Espera! Tengo un regalo para ti

Usa este código de descuento exclusivo en el curso de Introducción a la Economía:

50ECON
Ver el curso