Cuando entras a un supermercado y ves que la palta subió un 20%, ¿la sigues comprando o la dejas en la góndola? Cuando sube el pasaje del Metro, ¿dejas de viajar o simplemente reordenas tu presupuesto? Las respuestas a estas preguntas no son obvias: dependen del producto, de tu situación personal y, sobre todo, de un concepto económico clave llamado elasticidad precio de la demanda. Entenderlo te ayuda a tomar mejores decisiones de consumo, explica por qué algunos negocios sobreviven a una crisis y otros no, y aclara por qué el gobierno chileno pone impuestos altos a ciertos productos y casi ningún impuesto a otros.
Qué es la elasticidad precio de la demanda
La elasticidad precio de la demanda mide qué tan sensible es la cantidad demandada de un bien o servicio frente a cambios en su precio. En palabras simples: si sube el precio un 10%, ¿cuánto baja el consumo? Si baja mucho, decimos que la demanda es elástica. Si baja poco, decimos que es inelástica.
Matemáticamente se calcula así:
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Elasticidad = % cambio en cantidad demandada / % cambio en precio
Como las cantidades demandadas suelen moverse en sentido contrario al precio, el resultado es negativo. Pero por convención los economistas suelen mencionar el valor absoluto. Las categorías son:
- Demanda elástica (valor mayor a 1): la cantidad demandada cae proporcionalmente más que el aumento de precio. Ejemplo: si la palta sube 10% y el consumo baja 25%, la elasticidad es 2,5.
- Demanda unitaria (valor igual a 1): cantidad y precio se mueven en la misma proporción.
- Demanda inelástica (valor menor a 1): la cantidad demandada cae menos que la subida de precio. Ejemplo: si el gas sube 10% y el consumo solo baja 2%, la elasticidad es 0,2.
- Demanda perfectamente inelástica (valor igual a 0): el consumo no cambia aunque suba el precio.
Qué determina si un producto es elástico o inelástico
Cuatro factores explican por qué algunos productos son muy elásticos y otros casi nada:
1. Disponibilidad de sustitutos. Si existen alternativas fáciles, la demanda es elástica. La palta tiene sustitutos: si sube mucho, mucha gente la reemplaza con hummus, mayonesa o simplemente no la consume. En cambio, los medicamentos para una enfermedad crónica casi no tienen sustitutos: aunque suban, los pacientes los siguen comprando.
2. Necesidad vs lujo. Los bienes de primera necesidad —pan, agua, electricidad, transporte público— suelen ser inelásticos, porque la gente los compra aunque sean más caros. Los bienes de lujo —un viaje internacional, un auto premium, una cena cara— son elásticos: cuando suben, la gente posterga o reemplaza.
3. Proporción del ingreso. Si un producto representa una fracción pequeña de tu presupuesto, su elasticidad tiende a ser baja. La sal o los fósforos pueden duplicar su precio y casi nadie cambia su consumo, porque siguen costando poco. Una vivienda, en cambio, representa una fracción enorme del ingreso, por lo que pequeños cambios en su precio cambian drásticamente la decisión de compra.
4. Horizonte de tiempo. En el corto plazo la demanda suele ser más inelástica que en el largo plazo. Si sube la bencina hoy, no puedes vender tu auto y comprar uno eléctrico de un día para otro: te ajustas como puedas. Pero en cinco años, si los precios altos persisten, la gente compra autos más eficientes, se muda más cerca del trabajo o usa transporte público. La elasticidad se «expande» con el tiempo.
Cómo se aplica en Chile
Chile es un laboratorio perfecto para ver elasticidades en acción. Veamos varios casos concretos.
El cobre y la economía chilena. Aunque la elasticidad precio se suele asociar al consumidor final, también se aplica al mercado internacional. El cobre, principal exportación chilena, tiene una demanda relativamente inelástica en el corto plazo: la industria mundial lo necesita para cableado eléctrico, electrónica y, cada vez más, baterías y vehículos eléctricos. Cuando el precio sube, los compradores no encuentran sustitutos rápidos (el aluminio es peor conductor; los reemplazos toman años). Esto significa que cuando el cobre sube, los ingresos para Chile suben proporcionalmente más, porque la cantidad exportada no baja mucho. Lo opuesto pasa cuando cae el precio: las empresas chilenas siguen produciendo casi lo mismo, pero ingresan mucho menos.
El transporte público en Santiago. El Metro y los buses RED tienen demanda inelástica: gran parte de los usuarios no tiene auto, no puede caminar y no tiene alternativa. Por eso, cuando se anuncia un alza en la tarifa, el consumo cae poco. Esa misma inelasticidad fue parte del trasfondo del estallido social de octubre de 2019: una subida pequeña percibida como abusiva sobre un bien sin sustituto para los usuarios más pobres puede generar reacciones desproporcionadas.
El alcohol y los cigarrillos. Estos productos tienen demanda inelástica por adicción. Aunque suban los precios, los consumidores habituales siguen comprándolos. Esto explica por qué el Estado chileno los grava fuertemente con impuestos específicos: si el impuesto sube, las personas siguen consumiendo y la recaudación aumenta significativamente. Para los bienes de demanda elástica, en cambio, un impuesto alto haría caer fuerte el consumo y por tanto la recaudación. Por eso el IVA es general y bajo (19%), pero a los cigarrillos se les aplica un impuesto específico mucho mayor.
El pan en Chile. Chile es uno de los países con mayor consumo de pan per cápita del mundo. La demanda de pan es muy inelástica: aunque la harina suba 30% por la guerra en Ucrania, el consumo apenas se mueve. Lo que ocurre es que el costo lo absorben las panaderías (reduciendo márgenes), el consumidor (pagando más) o el Estado (subsidios indirectos vía precios del trigo). La inelasticidad transforma el pan en una variable política sensible.
Restaurantes y delivery. Comer fuera de casa es elástico: cuando sube el precio o cae el ingreso, la gente reduce salidas. Es uno de los primeros gastos que se recorta cuando hay crisis. Por eso los restaurantes son tan sensibles a la economía y dependen tanto de promociones, descuentos de tarjetas y planes de fidelización para sostener la demanda.
Por qué le importa al gobierno y a las empresas
La elasticidad no es una curiosidad académica: es una herramienta de decisión crucial.
Para el gobierno, define qué impuestos recaudarán más. Si quieres recaudar y minimizar el desincentivo al consumo, gravas bienes inelásticos. Si quieres desincentivar consumo (cigarrillos, alcohol, bebidas azucaradas), aprovechas que la elasticidad de largo plazo es mayor: aunque hoy la demanda casi no se mueva, en años de impuestos altos las nuevas generaciones consumen menos.
Para las empresas, define la estrategia de precios. Una empresa con un producto inelástico puede subir precios y aumentar sus ingresos. Una con producto elástico debe ser cuidadosa: subir 10% el precio puede hacer caer el consumo 25%, destruyendo ingresos. Por eso las empresas de productos elásticos invierten mucho en diferenciación, marca y fidelización: si logran que su producto sea visto como único, reducen la elasticidad.
Para ti como consumidor, te ayuda a entender dónde tienes poder. Cuando algo tiene muchos sustitutos, tienes poder de negociación: amenazar con cambiar de proveedor funciona. Cuando algo es inelástico (servicios básicos, medicamentos), tu margen es menor y es ahí donde el Estado debe regular o subsidiar para proteger a los más vulnerables.
El caso del agua: cuando la inelasticidad se vuelve un problema
El agua potable es uno de los bienes más inelásticos que existen: no hay sustituto. Por eso, en regiones de Chile donde el suministro es privado y monopólico, las tarifas pueden subir mucho sin que el consumo baje proporcionalmente. Esta es exactamente la situación donde se necesita regulación: la SISS fija tarifas máximas cada cinco años, justamente porque dejar el mercado solo, con demanda inelástica y oferta monopólica, llevaría a precios abusivos.
Lo mismo aplica a la electricidad y al gas. Son sectores regulados precisamente porque la combinación de demanda inelástica y oferta concentrada generaría rentas excesivas para las empresas a costa de los consumidores.
Elasticidad cruzada e ingreso: dos primos cercanos
Vale la pena mencionar dos conceptos relacionados. La elasticidad cruzada mide cómo cambia la demanda de un bien cuando cambia el precio de otro. Si sube la bencina y cae la demanda de autos a combustión mientras sube la de autos eléctricos, esa es elasticidad cruzada positiva entre sustitutos. La elasticidad ingreso, en cambio, mide cómo cambia la demanda cuando cambia tu ingreso. Los bienes normales tienen elasticidad ingreso positiva (cuando ganas más, consumes más); los bienes inferiores tienen elasticidad ingreso negativa (cuando ganas más, consumes menos, como el transporte público en favor del auto).
Conclusión: el concepto que explica miles de decisiones
La elasticidad precio de la demanda es uno de los conceptos más útiles que la economía le da al mundo. Explica por qué el gobierno grava algunos productos y no otros, por qué algunas empresas pueden subir precios sin perder clientes y otras no, por qué los servicios básicos requieren regulación y por qué un alza de 30 pesos en el Metro puede generar consecuencias políticas mayúsculas.
La próxima vez que veas subir el precio de algo —desde el cobre hasta la palta, pasando por el peaje o el café— pregúntate: ¿cuántos sustitutos tiene este producto? ¿Es de primera necesidad? ¿Cuánto pesa en mi presupuesto? Las respuestas te dirán si el alza realmente cambiará tu consumo o si simplemente vas a pagar más por lo mismo. Ese ejercicio mental, que toma segundos, es lo que separa a un consumidor informado de uno pasivo.
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