Coeficiente de Gini: cómo se mide la desigualdad en Chile

Cuando alguien dice que «Chile es uno de los países más desiguales del mundo», casi siempre hay un número detrás de esa frase: el coeficiente de Gini. Es la cifra que los economistas usan para resumir, en un solo dato entre 0 y 1, qué tan repartido (o concentrado) está el ingreso de un país. En 2024 el Gini de Chile llegó a 0,46, su nivel más bajo desde que existe registro. Suena a buena noticia, y en parte lo es, pero el número esconde matices que conviene entender antes de sacar conclusiones.

En esta guía vas a aprender qué mide exactamente el coeficiente de Gini, cómo se calcula con la curva de Lorenz, qué dicen los últimos datos de Chile y, sobre todo, qué no te cuenta este indicador tan citado.

¿Qué es el coeficiente de Gini?

El coeficiente de Gini es un indicador que mide la desigualdad en la distribución del ingreso de una población, en una escala de 0 a 1. Un valor de 0 representa la igualdad perfecta: todos reciben exactamente el mismo ingreso. Un valor de 1 representa la desigualdad total: una sola persona concentra todo el ingreso y el resto no recibe nada.

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Ningún país real está en ninguno de los dos extremos. En la práctica, los Gini de los países se mueven en un rango bastante acotado:

  • 0,25 a 0,32: países muy igualitarios (Noruega, Dinamarca, Eslovenia).
  • 0,32 a 0,40: nivel intermedio, donde está el promedio de los países desarrollados.
  • 0,40 a 0,50: desigualdad alta. Aquí se ubican Chile y buena parte de América Latina.
  • Sobre 0,50: desigualdad muy alta (Sudáfrica, algunos países de la región).

La gracia del Gini es que comprime una realidad complejísima —los ingresos de millones de hogares— en un único número comparable entre países y a lo largo del tiempo. Esa misma virtud es también su mayor limitación, como veremos más abajo.

Cómo se calcula: la curva de Lorenz

El Gini no sale de la nada: se construye a partir de una herramienta gráfica llamada curva de Lorenz. Imagina que ordenas a todos los hogares del país de menor a mayor ingreso y vas acumulando: ¿qué porcentaje del ingreso total reúne el 10% más pobre? ¿Y el 50% más pobre? ¿Y el 90%?

Si el ingreso estuviera perfectamente repartido, el 50% de los hogares reuniría el 50% del ingreso, el 20% reuniría el 20%, y así. Esa sería una línea diagonal perfecta, la «línea de igualdad». Pero en la realidad la curva se hunde por debajo de esa diagonal: el 50% más pobre reúne mucho menos del 50% del ingreso.

El coeficiente de Gini mide precisamente cuánto se aleja la curva real de la línea de igualdad. Cuanto más grande es el área entre ambas, mayor es la desigualdad y más alto el Gini. Es una forma elegante de transformar una curva en un número.

El Gini de Chile en 2024: qué dicen los datos

Según la Encuesta CASEN 2024, considerando el ingreso monetario de los hogares (ingresos del trabajo más las transferencias del Estado), el coeficiente de Gini de Chile se situó en 0,46. La cifra es relevante por dos razones: marca el nivel más bajo desde que hay registro y confirma una tendencia descendente sostenida en la última década.

Para dimensionar ese 0,46, conviene compararlo. El promedio de los países de la OCDE ronda el 0,31, y la propia OCDE estima el Gini de Chile en torno a 0,448. Es decir: aun celebrando el mínimo histórico, Chile sigue claramente por encima del promedio de las economías desarrolladas. Bajamos, pero seguimos siendo de los más desiguales del club.

Por qué el número «oficial» probablemente subestima la desigualdad

Aquí viene un matiz que pocas notas de prensa explican. Las encuestas de hogares como la CASEN tienen un problema conocido: los hogares más ricos suelen estar subrepresentados o reportan menos ingresos de los que realmente perciben (sobre todo rentas del capital). Resultado: la encuesta tiende a «achatar» la parte alta y a mostrar menos desigualdad de la que hay.

Por eso, estudios más recientes combinan la CASEN con registros del Servicio de Impuestos Internos (SII) y datos de Cuentas Nacionales del Banco Central, siguiendo metodologías del World Inequality Lab. Cuando se hace ese cruce, el panorama es más crudo: el 10% de mayores ingresos concentra cerca del 47% del ingreso nacional, mientras que el 50% de menores ingresos reúne apenas un 15%. Dicho de otro modo: la mitad del país se reparte una porción más pequeña que la décima parte más rica.

La lección de fondo es importante para cualquiera que quiera leer datos económicos con criterio: un indicador puede bajar y, al mismo tiempo, estar subestimando el fenómeno que pretende medir. El método con que se construye el dato condiciona el resultado tanto como la realidad que mide.

Gini, pobreza y PIB no son lo mismo

Un error frecuente es mezclar tres conceptos que miden cosas distintas:

  • El PIB mide cuánto produce un país en total. Dice nada sobre cómo se reparte esa riqueza.
  • La pobreza mide cuántas personas están por debajo de un umbral mínimo de ingresos o de carencias. Si te interesa este indicador en detalle, revisa cómo se mide la pobreza en Chile.
  • El Gini mide cómo se distribuye el ingreso entre todos, ricos y pobres.

Son indicadores complementarios, no intercambiables. Un país puede reducir su pobreza (menos gente bajo la línea) y mantener un Gini alto si la distancia entre la cima y el resto sigue siendo enorme. De hecho, eso describe bastante bien la trayectoria reciente de Chile: la pobreza ha caído de forma sostenida, pero la concentración del ingreso en la parte alta cambia mucho más lento.

Qué NO te dice el coeficiente de Gini

Como todo número que resume una realidad gigante, el Gini tiene puntos ciegos que conviene tener presentes:

  • No distingue dónde está la desigualdad. Dos países pueden tener el mismo Gini con estructuras muy distintas: uno con una clase media amplia y pocos muy ricos, otro con una élite concentrada y una base muy pobre.
  • Mide ingreso, no riqueza. El patrimonio acumulado (propiedades, acciones, ahorros) suele estar mucho más concentrado que el ingreso anual, y el Gini de ingresos no lo captura.
  • No incluye el acceso a servicios. Salud, educación o transporte de calidad cambian el bienestar real de una familia y no aparecen en la cifra.
  • Es sensible al método de medición, como ya vimos con el contraste entre la CASEN y los registros tributarios.

Nada de esto invalida el indicador: lo convierte en un punto de partida, no en una conclusión. El Gini es excelente para comparar y seguir tendencias; es insuficiente para entender por qué existe la desigualdad y qué hacer con ella.

Por qué entender esto te conviene

La desigualdad no es solo un tema de debate político: condiciona cosas muy concretas de tu vida económica. Influye en cómo se diseñan los impuestos, en la presión sobre el gasto social, en la estabilidad del consumo interno e incluso en las decisiones del mercado laboral. Cuando entiendes qué hay detrás de un Gini de 0,46, dejas de quedarte con el titular y empiezas a leer la economía con tus propios ojos.

Y esa es justamente la diferencia entre repetir cifras y comprenderlas. Conceptos como la distribución del ingreso, la pobreza, el desempleo y cómo se mide en Chile o la inflación y el IPC forman parte de un mismo lenguaje: el de la economía aplicada a la vida real.

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En resumen

El coeficiente de Gini es la forma más usada de medir la desigualdad de ingresos: va de 0 (igualdad total) a 1 (concentración total) y se construye a partir de la curva de Lorenz. Chile cerró 2024 con un Gini de 0,46, su mínimo histórico, aunque sigue por sobre el promedio de la OCDE y, según mediciones que cruzan datos tributarios, la concentración en la cima es aún mayor de lo que sugiere la encuesta. Es un excelente punto de partida para entender cómo se reparte la torta económica del país, siempre que recuerdes lo que el número no alcanza a mostrar.

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