Elasticidad precio de la demanda: por qué algunos precios suben y seguimos comprando

Sube el precio de la bencina y, aunque todos reclaman, las estaciones de servicio siguen llenas. Sube el precio de una marca de galletas y la gente simplemente compra otra. ¿Por qué algunos productos pueden encarecerse sin perder clientes, mientras otros los pierden al menor aumento? La respuesta está en la elasticidad precio de la demanda. En esta guía aprenderás qué es, cómo se calcula, qué la determina y cómo se ve en la vida chilena: en la bencinera, en la marraqueta, en la cajetilla de cigarrillos y en la entrada a un concierto.

Qué es la elasticidad precio de la demanda

La elasticidad precio de la demanda mide cuánto cambia la cantidad que la gente compra de un bien cuando cambia su precio. En palabras simples, responde a la pregunta: «si esto sube de precio, ¿cuánto deja de comprar la gente?».

Cuando un pequeño cambio de precio provoca una gran variación en las cantidades vendidas, la demanda es elástica: el producto es sensible al precio. Cuando el precio cambia bastante pero las cantidades casi no se mueven, la demanda es inelástica: la gente lo sigue comprando pase lo que pase. La elasticidad complementa la ley de la demanda: esta dice que si el precio sube, la cantidad baja; la elasticidad dice cuánto. Si quieres repasar primero esa base, revisa nuestra guía sobre oferta y demanda: cómo se forman los precios.

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La fórmula: cómo se calcula paso a paso

La elasticidad compara dos variaciones porcentuales:

Elasticidad precio de la demanda = variación porcentual de la cantidad demandada ÷ variación porcentual del precio

Un ejemplo numérico simple

Supón que un producto pasa de $10.000 a $11.000: el precio subió un 10%. Si antes se compraban 100 unidades al mes y ahora 90, la cantidad cayó un 10%. Aplicando la fórmula: 10% ÷ 10% = 1. Esa es una demanda unitaria: la cantidad cambia en la misma proporción que el precio.

Ahora compara dos casos distintos. Si el precio del pan sube un 20% y la cantidad comprada cae solo un 5%, la elasticidad es 5 ÷ 20 = 0,25: menor que 1, demanda inelástica. Si el precio de las entradas de cine sube un 20% y las ventas caen un 40%, la elasticidad es 40 ÷ 20 = 2: mayor que 1, demanda elástica.

Una aclaración sobre el signo

Como precio y cantidad se mueven en direcciones opuestas —sube uno, baja la otra—, el resultado matemático es negativo. Por convención, los economistas trabajan con el valor absoluto e ignoran el signo. Lo importante no es el signo, sino qué tan grande es el número.

Demanda elástica, inelástica y unitaria

Toda la clasificación se reduce a comparar el resultado con 1.

Demanda inelástica (elasticidad menor que 1): la cantidad apenas cambia aunque el precio suba. Son bienes necesarios o difíciles de reemplazar: los medicamentos crónicos, la electricidad, el agua, el transporte para ir al trabajo. Alguien con hipertensión comprará su remedio aunque suba: no tiene alternativa real.

Demanda elástica (elasticidad mayor que 1): un pequeño aumento de precio provoca una gran caída en las ventas. Son bienes con muchos sustitutos o no esenciales: una marca específica de yogur, los pasajes aéreos de vacaciones, comer en un restaurante. Si suben mucho, eliges otra opción o postergas la compra.

Demanda unitaria (elasticidad igual a 1): el caso intermedio y punto teórico de referencia, donde cantidad y precio varían en la misma proporción.

Existen además dos extremos: la demanda perfectamente inelástica, donde la cantidad no cambia a ningún precio (un medicamento vital como la insulina), y la perfectamente elástica, donde una mínima alza hace caer la demanda a cero.

Qué determina que un bien sea elástico o inelástico

La elasticidad no es azar: depende de características concretas del producto y del consumidor.

1. Disponibilidad de sustitutos

Es el factor más importante. Mientras más alternativas parecidas existan, más elástica es la demanda. La sal de una marca específica es muy elástica —hay decenas de marcas en la góndola—, pero la sal en general es inelástica, porque no tiene reemplazo práctico. Por eso también importa cómo se define el mercado: «las bebidas» son relativamente inelásticas, pero «la bebida marca X de 1,5 litros» es muy elástica.

2. Necesidad versus lujo

Los bienes de primera necesidad tienden a ser inelásticos: seguirás comprando pan, luz y locomoción aunque suban. Los lujos y caprichos son elásticos: un viaje internacional, un celular de última generación o una cena cara se pueden posponer o descartar cuando se encarecen.

3. Proporción del presupuesto

Un producto que representa una fracción mínima de tus gastos suele ser inelástico: si los fósforos suben un 50%, casi nadie deja de comprarlos. Pero si el bien compromete una parte grande del ingreso —un auto, la mensualidad del colegio, el plan de internet—, el alza se siente de inmediato y se buscan alternativas.

4. Horizonte temporal

A corto plazo la demanda suele ser más inelástica, porque los consumidores no alcanzan a ajustarse; a largo plazo, casi toda demanda se vuelve más elástica. Cuando la bencina sube hoy, mañana sigues llenando el estanque; si el precio se mantiene alto durante meses, la gente comparte auto, usa más transporte público o evalúa un vehículo más eficiente. La misma demanda, en horizontes distintos, tiene elasticidades distintas.

A estos cuatro factores se suma uno más: los hábitos y adicciones. Los productos que generan dependencia —cigarrillos, alcohol, café— suelen tener demanda muy inelástica, un dato que, como veremos, el Estado conoce bien.

Ejemplos chilenos para fijar la idea

La bencina

El ejemplo clásico de demanda inelástica en el corto plazo. La necesitas para llegar al trabajo y no puedes reducir mucho el consumo de un día para otro: cuando sube, la gente refunfuña, llena el estanque igual y sigue manejando. Solo con el tiempo aparecen los ajustes.

El pan y la marraqueta

El pan es un bien de primera necesidad en la mesa chilena, y su demanda es inelástica: en nuestro ejemplo, un alza de 20% en el precio apenas reducía la cantidad comprada en 5% (elasticidad 0,25). La marraqueta no desaparece de la casa porque suba unos pesos; a lo más, algunas familias ajustan la cantidad o cambian el tipo de pan.

Los cigarrillos

La adicción vuelve la demanda muy inelástica: quien fuma sigue comprando aunque la cajetilla se encarezca. Esa baja sensibilidad al precio explica por qué el tabaco concentra impuestos específicos.

Las entradas a conciertos

Aquí conviven las dos caras. Para el público general, un concierto es un gasto postergable y con alternativas —otro panorama, otro artista, quedarse en casa—, así que la demanda tiende a ser elástica: si las entradas suben mucho, muchos simplemente no van. Pero para el fanático de un artista que viene una sola vez, casi no hay sustituto y su demanda se vuelve inelástica: paga lo que sea por estar ahí. Distintos consumidores muestran distinta elasticidad ante el mismo producto.

Los cafés

Imagina que tienes una cafetería y piensas subir el precio del café. La pregunta clave no es «¿cuánto más gano por taza?», sino «¿cuántas tazas dejaré de vender?». Si tu local es el único en varias cuadras, tu demanda es bastante inelástica: seguirán comprando y tus ingresos subirán. Pero si estás rodeado de otras tres cafeterías parecidas, tu demanda es elástica: un alza hará que varios clientes crucen la calle y tus ingresos totales pueden caer pese al mayor precio por taza. El mismo producto, con distinta competencia, exige decisiones opuestas.

Elasticidad e ingresos totales: la decisión de subir o bajar precios

Para una empresa, la elasticidad no es teoría de pizarrón: determina sus ingresos totales, que son simplemente precio × cantidad vendida.

Si la demanda es inelástica, subir el precio aumenta los ingresos: se vende un poco menos, pero a un precio mayor, y el saldo es positivo. Por eso productos esenciales o con clientes muy fieles pueden encarecerse sin que el negocio sufra.

Si la demanda es elástica, subir el precio es contraproducente: la caída en cantidad es proporcionalmente mayor que el alza, y los ingresos totales bajan. En esos mercados las empresas compiten por volumen, con descuentos, ofertas y promociones —piensa en las guerras de precios entre supermercados o aerolíneas low cost—, porque bajar el precio puede atraer tantos clientes nuevos que compense con creces el menor margen por unidad.

Este razonamiento explica estrategias que ves todos los días: las aerolíneas cobran más caro a quien viaja por trabajo (demanda inelástica, no puede elegir fechas) que a quien viaja por placer y compara precios (demanda elástica). Cuánto margen tiene una empresa para esto depende también de cuánta competencia enfrenta: no es lo mismo fijar precios en competencia perfecta que en un monopolio, como explicamos en nuestra guía de estructuras de mercado.

Por qué el Estado grava bienes inelásticos

La elasticidad también explica una decisión que afecta a todos: sobre qué productos conviene poner impuestos. Cuando el Estado grava un bien de demanda inelástica —combustibles, tabaco, alcohol—, recauda mucho, porque la gente sigue comprándolo casi en la misma cantidad pese al mayor precio. Por eso estos productos concentran los llamados impuestos específicos.

En cambio, gravar un producto de demanda muy elástica recauda poco: al subir el precio por el impuesto, la gente deja de comprarlo o se pasa a un sustituto, y la recaudación se desinfla. Hay un matiz: si el objetivo no es recaudar sino desalentar un consumo —como en el impuesto a las bebidas azucaradas por motivos de salud pública—, el impuesto funciona mejor justamente cuando la demanda es más elástica. En la práctica, los gobiernos suelen combinar ambos efectos. En Chile, el impuesto específico a los combustibles y el impuesto a las bebidas azucaradas se entienden mejor en clave de elasticidad: no son decisiones arbitrarias, detrás hay estimaciones de cómo reaccionará la demanda.

Un error común: demanda alta no es demanda elástica

Que un producto tenga mucha demanda no significa que su demanda sea elástica: son cosas distintas. La cantidad demandada es cuánto se compra; la elasticidad es cuánto cambia esa cantidad cuando se mueve el precio. El agua potable tiene una demanda enorme y a la vez profundamente inelástica: seguiríamos comprándola aunque subiera. La pregunta nunca es «¿cuánto se vende?», sino «¿qué tan sensible es lo que se vende a un cambio de precio?».

Cómo usar la elasticidad en tu vida diaria

No necesitas calcular fórmulas para aprovechar la idea. Cada vez que un precio sube, pregúntate: ¿tengo sustitutos reales? Si la respuesta es sí, tienes poder de negociación: puedes cambiar de marca, de proveedor o de hábito, y esa presión obliga a las empresas a moderar sus precios. Si la respuesta es no, eres vulnerable a las alzas. Identificar dónde eres «inelástico» —telefonía, seguros, suscripciones que nunca revisas— suele revelar ahorros importantes, porque ahí tienes sustitutos que no estabas usando.

El concepto también te ayuda a leer las noticias económicas con otros ojos. Cuando un titular dice que «los consumidores no responden al alza de precios», ahora puedes traducirlo: la demanda es inelástica. Y en períodos de alzas generalizadas, la elasticidad explica por qué algunos precios del IPC golpean más que otros: los bienes inelásticos no se pueden esquivar. Puedes profundizar en cómo se miden esas alzas en nuestra guía sobre inflación e IPC en Chile.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se calcula la elasticidad precio de la demanda?

Se divide la variación porcentual de la cantidad demandada por la variación porcentual del precio. Si el precio sube 10% y la cantidad cae 20%, la elasticidad es 2 (en valor absoluto): demanda elástica. Si la cantidad cae menos que el alza del precio, el resultado es menor que 1 y la demanda es inelástica.

¿Qué significa que la demanda de un bien sea inelástica?

Que la cantidad comprada apenas cambia cuando el precio sube. Ocurre con bienes necesarios, con pocos sustitutos o que pesan poco en el presupuesto: la bencina, el pan, los medicamentos crónicos o los cigarrillos. En esos casos, un alza de precio no reduce mucho el consumo.

¿Por qué el Estado grava con impuestos específicos bienes como el tabaco y los combustibles?

Porque su demanda es inelástica: la gente sigue comprándolos casi en la misma cantidad aunque el impuesto suba el precio, y la recaudación se asegura. Si el objetivo es además desalentar el consumo, como con las bebidas azucaradas, el impuesto reduce más el consumo mientras más elástica sea la demanda.

¿La elasticidad de un producto es siempre la misma?

No. Cambia con el tiempo y con el contexto: a corto plazo la demanda suele ser más inelástica y a largo plazo más elástica, porque los consumidores alcanzan a ajustarse. También depende de cómo se defina el mercado y de cada consumidor: el mismo concierto puede ser prescindible para unos e irremplazable para un fanático.

La elasticidad precio de la demanda es una de esas ideas que, una vez entendida, empiezas a ver por todas partes: en la bencinera, en la panadería y en el debate del impuesto de turno. En el fondo, mide tu poder como consumidor: mientras más alternativas tengas, más elástica es tu demanda y más te protege de las alzas de precio.

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