Cada vez que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) publica las cifras del mercado laboral, la prensa titula con la tasa de desempleo. Pero hay un número que dice tanto o más sobre la salud económica de Chile y que suele pasar inadvertido: la tasa de informalidad laboral. En el trimestre enero-marzo de 2026 alcanzó un 26,5%, lo que significa que cerca de 2,5 millones de personas en Chile trabajan sin las protecciones básicas de un empleo formal. Dicho de otro modo: uno de cada cuatro ocupados está en la informalidad.
Este artículo explica qué es exactamente el empleo informal, cómo se mide en Chile, por qué persiste y —lo más importante— por qué te afecta aunque tú tengas un contrato firmado y tus cotizaciones al día.
Qué es el empleo informal
El empleo informal no es lo mismo que el trabajo ilegal ni que la economía sumergida del narcotráfico o el contrabando. La definición que usa Chile sigue los estándares de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): un ocupado es informal cuando su relación laboral no está sujeta a la legislación laboral, no genera cotizaciones de seguridad social y no da acceso a beneficios como licencias médicas, vacaciones pagadas o seguro de cesantía.
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En la práctica, la informalidad toma dos formas principales:
- Asalariados informales: personas que trabajan para un empleador pero sin contrato escrito y, sobre todo, sin que se les paguen cotizaciones previsionales ni de salud. El vendedor de una tienda al que le pagan «por fuera» es el caso típico.
- Trabajadores por cuenta propia informales: el grueso de la informalidad chilena. Aquí entran los feriantes, los conductores de aplicaciones que no emiten boletas, los gasfíteres y peluqueros que cobran en efectivo sin declarar.
El dato clave es que la informalidad se define por la desprotección, no por el tipo de oficio. Un programador que factura a una empresa sin emitir documentos y sin cotizar es tan informal como un vendedor ambulante.
Cómo se mide la informalidad en Chile
El INE mide la informalidad a través de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), la misma que produce la tasa de desempleo. El criterio central es la cotización previsional: si el empleador no paga cotizaciones por el trabajador, ese empleo se clasifica como informal. Para los trabajadores por cuenta propia y los empleadores, el criterio mira si la empresa lleva registros contables y está formalizada.
Las cifras más recientes ayudan a dimensionar el fenómeno. En el trimestre enero-marzo de 2026, la tasa de ocupación informal fue de 26,5%, con un alza de 0,7 puntos porcentuales en doce meses. Pero el promedio esconde diferencias enormes según la categoría:
- Entre los trabajadores por cuenta propia, la tasa de informalidad llega al 64,0%: casi dos de cada tres operan al margen del sistema.
- Entre los asalariados del sector privado, la informalidad es del 16,7%.
- En conjunto, cuenta propia y asalariados privados concentran el 86,4% de toda la ocupación informal del país.
Informalidad no es lo mismo que desempleo
Es fácil confundir ambos conceptos, pero miden cosas distintas. El desempleo cuenta a quienes buscan trabajo y no lo encuentran; la informalidad cuenta a quienes sí trabajan, pero sin protección. De hecho, las dos cifras suelen moverse en sentidos opuestos: cuando la economía se enfría y cuesta encontrar empleo formal, muchas personas no se quedan desocupadas, sino que se «refugian» en la informalidad —venden cosas, manejan para una app, ofrecen servicios— para no quedarse sin ingresos. Por eso una tasa de desempleo estable puede esconder un deterioro real de la calidad del empleo. Si quieres entender bien esa otra cara del mercado laboral, revisa nuestra guía sobre el desempleo: tipos, causas y cómo se mide la tasa en Chile.
Por qué Chile tiene tanta informalidad
La informalidad no es un accidente, sino el resultado predecible de los incentivos que enfrentan trabajadores y empresas. Desde la economía, suelen señalarse cuatro fuerzas:
1. El costo de formalizarse. Pagar cotizaciones, llevar contabilidad y cumplir la regulación laboral tiene un costo. Para un trabajador por cuenta propia de bajos ingresos, destinar más de un 18% de su renta a previsión y salud puede ser inviable en el corto plazo, aunque le convenga en el largo. Aquí opera un clásico problema económico: el beneficio (una pensión futura) es lejano e incierto, mientras que el costo (menos plata hoy) es inmediato y seguro.
2. La baja productividad. La informalidad se concentra en sectores de baja productividad —comercio minorista, servicios personales, construcción de pequeña escala—. Cuando una actividad genera poco valor agregado, formalizar al trabajador puede volver el negocio inviable, y tanto empleador como empleado prefieren el acuerdo informal.
3. El ciclo económico. Como vimos, la informalidad funciona como amortiguador: sube en las desaceleraciones y baja en las expansiones. El alza reciente de la tasa es coherente con un mercado laboral formal que ha costado dinamizar.
4. La fiscalización limitada. Detectar a un asalariado sin contrato o a un cuentapropista que no declara es costoso para el Estado, y mientras la probabilidad de ser fiscalizado sea baja, el incentivo a operar informalmente persiste.
Por qué te afecta aunque tengas contrato
Acá está el punto que rara vez se explica. Si tú trabajas formalmente, podrías pensar que la informalidad es un problema de otros. No lo es. La informalidad genera externalidades negativas que recaen sobre todos, incluido quien cumple las reglas.
El costo oculto para tu pensión y tu salud
El sistema de pensiones y el de salud pública se financian, en parte, con los aportes de quienes cotizan. Cada trabajador informal es alguien que usa servicios públicos —hospitales, plazas, seguridad, calles— pero aporta poco o nada a financiarlos. El resultado es una base contributiva más estrecha que debe sostener al mismo número de beneficiarios, lo que presiona al alza los impuestos o a la baja la calidad de los servicios. Esta tensión está en el corazón del debate sobre la reforma previsional y el nuevo aporte del empleador: un sistema con un cuarto de la fuerza laboral sin cotizar enfrenta un problema estructural de financiamiento.
Competencia desleal y presión sobre los sueldos
Una empresa que no paga cotizaciones ni respeta el salario mínimo tiene costos artificialmente más bajos que una que sí cumple. Eso le permite vender más barato y, en sectores competitivos, arrastra hacia abajo los precios y los márgenes de las empresas formales, que terminan presionadas a contener sueldos o a recortar personal. La informalidad de unos termina deteriorando las condiciones de los otros.
Datos que engañan a quienes deciden
Una economía con mucha informalidad es una economía que se mide mal. Buena parte de la actividad no queda registrada en las estadísticas tributarias, lo que distorsiona desde el cálculo del producto hasta el diseño de la política monetaria y fiscal. Cuando las autoridades toman decisiones con un retrato incompleto de la economía, el riesgo de equivocarse —subir o bajar impuestos o tasas en el momento equivocado— aumenta para todos.
Chile en el espejo latinoamericano
Para dimensionar el caso chileno conviene mirar la región. Chile, con una informalidad en torno al 26%, está entre los países con menor informalidad de América Latina, donde el promedio supera el 45% y en varios países pasa del 60%. Esto matiza el diagnóstico: el problema chileno es real y va en aumento, pero parte de una base comparativamente sólida. La pregunta para 2026 no es si Chile tiene una crisis de informalidad como la de sus vecinos, sino si la reciente tendencia al alza marca un quiebre o un episodio pasajero ligado al ciclo.
La informalidad también dialoga con otros indicadores sociales: suele asociarse a empleos de menores ingresos y mayor vulnerabilidad, lo que la conecta directamente con la forma en que se mide la pobreza en Chile.
En síntesis
El empleo informal es el trabajo que existe pero queda fuera del sistema: sin cotizaciones, sin contrato, sin red de protección. En Chile afecta a cerca de un cuarto de los ocupados y se concentra en el trabajo por cuenta propia. Lejos de ser un problema ajeno, erosiona el financiamiento de las pensiones y la salud, distorsiona la competencia y debilita las estadísticas con que se gobierna. Entender la informalidad es entender por qué dos países con la misma tasa de desempleo pueden tener mercados laborales completamente distintos.
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