Curva de Phillips: la relación entre inflación y desempleo (y por qué se rompió)

Imagina que el gobierno te ofrece un trato: puede bajar el desempleo, pero a cambio vas a ver subir un poco los precios en el supermercado. ¿Aceptarías? Durante décadas, los economistas creyeron que ese intercambio era una ley casi tan firme como la gravedad. Esa idea tiene nombre: la curva de Phillips. Y su historia —cómo nació, por qué enamoró a los gobiernos y por qué terminó fallando— es una de las mejores lecciones de toda la macroeconomía.

Qué es la curva de Phillips

La curva de Phillips es una relación que describe un aparente intercambio (trade-off) entre la inflación y el desempleo: cuando el desempleo es bajo, la inflación tiende a ser alta; y cuando el desempleo es alto, la inflación tiende a ser baja. Dicho de otro modo, parecía imposible tener ambas cosas buenas al mismo tiempo —pleno empleo y precios estables—, porque mejorar una empeoraba la otra.

Si lo graficas, obtienes una curva con pendiente negativa: en el eje horizontal va la tasa de desempleo y en el vertical, la tasa de inflación. A medida que te mueves hacia la izquierda (menos desempleo), subes hacia arriba (más inflación).

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La intuición: por qué se moverían al revés

La lógica es bastante humana. Cuando la economía está fuerte y hay poco desempleo, las empresas compiten por contratar a los pocos trabajadores disponibles. Para conseguirlos, ofrecen mejores sueldos. Esos sueldos más altos suben los costos de las empresas, que los trasladan a los precios. Resultado: más inflación.

Al revés, cuando hay mucho desempleo, los trabajadores tienen poco poder para pedir aumentos, los salarios se estancan y los precios suben más despacio. La presión sobre la inflación se afloja. Es un razonamiento elegante… y por eso costó tanto darse cuenta de que estaba incompleto.

El origen: de una curva empírica a un menú de política

En 1958, el economista neozelandés A. W. Phillips estudió casi un siglo de datos del Reino Unido y encontró algo llamativo: existía una relación estable entre el desempleo y el crecimiento de los salarios. Pocos años después, los economistas Paul Samuelson y Robert Solow adaptaron la idea a Estados Unidos y la reformularon en términos de inflación de precios. Así nació la versión que se enseñó durante una generación.

Lo interesante es lo que vino después. Los gobiernos no la vieron solo como una curiosidad estadística, sino como un menú: si querían menos desempleo, bastaba con «aceptar» un poco más de inflación; si querían precios más estables, debían tolerar más desempleo. La política económica parecía reducirse a elegir un punto sobre la curva.

Cuando la curva se rompió: la estanflación de los años 70

El problema es que la realidad no leyó el manual. En la década de 1970, varias economías avanzadas vivieron algo que la curva de Phillips decía que era casi imposible: alta inflación y alto desempleo al mismo tiempo. A ese fenómeno se le llama estanflación, y dejó la teoría tradicional contra las cuerdas.

¿Qué había fallado? La curva original asumía que las personas no aprendían. Suponía que si los precios subían, los trabajadores seguían pidiendo los mismos sueldos de siempre, sin anticipar nada.

Las expectativas lo cambian todo

Aquí entran dos economistas, Milton Friedman y Edmund Phelps, que a fines de los 60 hicieron una advertencia profética: el trade-off solo funciona mientras la inflación sorprende a la gente. En cuanto los trabajadores y las empresas esperan inflación, la incorporan a sus decisiones. Piden aumentos de sueldo por adelantado, suben precios anticipándose, y entonces el «truco» de bajar el desempleo a punta de inflación deja de servir.

De ahí surge una idea clave: a largo plazo no hay menú que valga. La economía tiende a una tasa natural de desempleo (a veces llamada NAIRU), y cualquier intento de empujar el desempleo por debajo de ella de forma permanente solo produce más y más inflación, sin ganancia real de empleo. La curva de Phillips de largo plazo, en esta visión, es vertical.

La curva de Phillips hoy: ¿plana o solo dormida?

Lejos de desaparecer, la curva se reinventó. Los bancos centrales modernos trabajan con una versión «aumentada por expectativas»: la inflación de hoy depende del desempleo, sí, pero sobre todo de la inflación que la gente espera para mañana. Por eso los bancos centrales se obsesionan con mantener las expectativas «ancladas».

En la década de 2010 apareció un nuevo enigma: en muchos países el desempleo bajó muchísimo y la inflación apenas se movió. Algunos economistas concluyeron que la curva se había «aplanado» y casi no servía. Luego vino el repunte inflacionario global posterior a la pandemia, y la relación pareció reactivarse con fuerza. La lección práctica es que la curva no es una ley física fija: cambia de forma según la credibilidad del banco central y las expectativas de la gente.

Qué significa esto para Chile y tu bolsillo

Para un país como Chile, todo esto no es teoría abstracta. Cuando el Banco Central decide subir o bajar la tasa de interés, está moviéndose, en el fondo, sobre una versión de la curva de Phillips: intenta enfriar la economía para contener la inflación, sabiendo que eso puede costar algo de empleo en el corto plazo. Entender esa lógica te ayuda a interpretar las noticias económicas sin caer en titulares simplistas.

  • No existe el almuerzo gratis permanente: ningún gobierno puede mantener el desempleo artificialmente bajo para siempre sin pagarlo en inflación.
  • Las expectativas pesan tanto como los datos: si todos creen que vendrá inflación, esa creencia ayuda a producirla.
  • La credibilidad del banco central es un activo: cuando la gente confía en que controlará los precios, controlarlos resulta menos doloroso.

Si quieres conectar este tema con el resto del rompecabezas, te recomendamos leer cómo funciona la política monetaria y la tasa de interés del Banco Central, porque es justamente la herramienta con que se administra este equilibrio.

En resumen

La curva de Phillips empezó como una observación estadística, se transformó en una promesa política y terminó enseñándonos una verdad más humilde: la economía no es una máquina de palancas, sino un sistema lleno de personas que aprenden, anticipan y reaccionan. El trade-off entre inflación y desempleo existe, pero es temporal, frágil y depende de lo que todos esperamos que pase.

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