Imagina que el gobierno te ofrece un trato: puede bajar el desempleo, pero a cambio verás subir un poco los precios en el supermercado. ¿Aceptarías? Durante décadas, los economistas creyeron que ese intercambio era una ley casi tan firme como la gravedad. Esa idea tiene nombre: la curva de Phillips, la relación inversa entre inflación y desempleo. Su historia —cómo nació de los datos, cómo enamoró a los gobiernos, cómo se rompió en los años setenta y cómo se reinventó— es una de las mejores lecciones de toda la macroeconomía. Y en Chile no es teoría de pizarra: está detrás de cada decisión de tasa del Banco Central y explica buena parte de lo que le pasó a tu bolsillo entre 2021 y 2026.
Qué es la curva de Phillips
La curva de Phillips describe un aparente intercambio (trade-off) entre la inflación y el desempleo: cuando el desempleo es bajo, la inflación tiende a ser alta; y cuando el desempleo es alto, la inflación tiende a moderarse. Dicho de otro modo, parecía imposible tener ambas cosas buenas al mismo tiempo —pleno empleo y precios estables—, porque mejorar una empeoraba la otra.
Si la graficas, obtienes una curva con pendiente negativa: en el eje horizontal va la tasa de desempleo y en el vertical, la tasa de inflación. A medida que te mueves hacia la izquierda (menos desempleo), la curva sube (más inflación).
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La intuición es muy humana, y muy chilena. Si una pyme de Maipú necesita contratar un mesero y hay muchos postulantes, puede ofrecer el sueldo mínimo. Pero si el desempleo cae y los locales de Providencia, Las Condes y Ñuñoa compiten por el mismo trabajador, los sueldos suben. Esos costos laborales más altos terminan traspasados a la carta del restaurante. Resultado: menos desempleo, más inflación. Al revés, cuando hay mucha cesantía, los trabajadores tienen poco poder para pedir aumentos, los salarios se estancan y la presión sobre los precios se afloja.
El origen: el hallazgo de Phillips en 1958
En 1958, el economista neozelandés A. W. Phillips publicó en la revista Economica un estudio sobre casi un siglo de datos del Reino Unido (1861-1957). Encontró un patrón llamativo: en los años de bajo desempleo, los salarios nominales crecían más rápido; cuando el desempleo subía, el crecimiento salarial se moderaba o se detenía. Era una observación estrictamente empírica, pero de una regularidad tan clara que pronto cruzó fronteras.
Del salario a los precios
El trabajo original hablaba de salarios, no de inflación. Fueron Paul Samuelson y Robert Solow quienes, a inicios de los años sesenta, adaptaron la idea a Estados Unidos y la reformularon en términos de inflación de precios: si los sueldos suben más rápido, las empresas trasladan ese mayor costo a lo que cobran. Así nació la versión de la curva que se enseñó durante una generación.
De curiosidad estadística a menú de política
Lo interesante es lo que vino después. Los gobiernos no la vieron como una simple correlación, sino como un menú: si querían menos desempleo, bastaba con «aceptar» un poco más de inflación; si querían precios estables, debían tolerar más cesantía. Con la memoria de la Gran Depresión aún fresca, la política económica de los años sesenta pareció reducirse a elegir un punto sobre la curva, ajustando la demanda agregada como con una perilla.
Cuando la curva se rompió: la estanflación de los setenta
El problema es que la realidad no leyó el manual. En la década de 1970, con los shocks del petróleo de por medio, varias economías avanzadas vivieron algo que la curva de Phillips original decía que era casi imposible: alta inflación y alto desempleo al mismo tiempo. A esa combinación se le llama estanflación, y dejó la teoría tradicional contra las cuerdas. El menú prometido había desaparecido: los gobiernos aceptaban más inflación y el desempleo no bajaba.
Friedman y Phelps: las expectativas lo cambian todo
Dos economistas, Milton Friedman y Edmund Phelps, habían hecho a fines de los sesenta una advertencia profética: el trade-off solo funciona mientras la inflación sorprende a la gente. La curva original asumía, en el fondo, que las personas no aprendían: que si los precios subían, los trabajadores seguirían pidiendo los sueldos de siempre. Pero en cuanto trabajadores y empresas esperan inflación, la incorporan a sus decisiones: piden reajustes por adelantado, suben precios anticipándose, indexan contratos. Entonces el «truco» de bajar el desempleo a punta de inflación deja de servir, y lo único que queda es más inflación.
Corto plazo vs. largo plazo: dos curvas distintas
De esa crítica nació la distinción que hoy es estándar. En el corto plazo, la curva de Phillips existe: un estímulo inesperado puede reducir el desempleo por un tiempo a cambio de más inflación, porque los precios y salarios tardan en ajustarse. Pero en el largo plazo la curva se vuelve prácticamente vertical: la economía tiende a una tasa natural de desempleo —también llamada NAIRU, la tasa que no acelera la inflación— y cualquier intento de mantener el desempleo por debajo de ella de forma permanente solo produce más y más inflación, sin ganancia real de empleo.
La versión moderna que usan los bancos centrales resume esta lección en una fórmula mental: la inflación de hoy depende de las expectativas de inflación, de la brecha entre el desempleo efectivo y su tasa natural, y de los shocks de oferta (petróleo, alimentos, tipo de cambio). La brecha importa, pero las expectativas pesan tanto o más. Por eso se habla de una curva de Phillips «aumentada por expectativas».
Hay una advertencia honesta que hacer: la NAIRU no se observa directamente. Para Chile, las estimaciones han oscilado en torno a 7,5%-8,5%, pero cambian con la demografía, la migración y la informalidad. Decidir política monetaria comparando contra un número que nadie puede medir con precisión es uno de los riesgos permanentes del oficio.
La curva de Phillips en Chile: el ancla de 1999 y el ciclo 2021-2026
Chile conoció en carne propia la lección de Friedman y Phelps. Con las inflaciones de dos dígitos de los años ochenta y noventa, los contratos se indexaban a la UF y los reajustes eran casi automáticos: la inflación esperada se convertía en inflación efectiva. Desde 1999, el Banco Central adoptó un esquema de metas de inflación —3% anual con tolerancia de ±1 punto porcentual— que ancló las expectativas en torno a la meta y volvió los ajustes mucho menos dolorosos.
El ciclo de alzas de la TPM: 2021-2023
El período reciente mostró que la curva sigue viva. Entre 2021 y 2022, un shock de demanda gigante —retiros de fondos previsionales, transferencias fiscales por la pandemia— se sumó al alza global del petróleo y los alimentos, con el desempleo cayendo bajo 8%. La inflación chilena llegó a 14,1% en agosto de 2022, su nivel más alto en 28 años. El Banco Central respondió con un ciclo agresivo de alzas de la Tasa de Política Monetaria (TPM), que llegó hasta 11,25%. Eso enfrió la actividad, empujó el desempleo hacia niveles cercanos a 8,5%-9% y permitió que la inflación volviera a converger al rango meta hacia 2024. Los salarios lo reflejaron: los sueldos nominales crecieron cerca de 10% entre 2021 y 2022, pero la inflación se los comió y el salario real cayó en torno a 2%. Es la curva de Phillips operando casi en vivo: el costo de controlar la inflación fueron unos puntos de desempleo y varios trimestres de crecimiento débil.
Chile hacia 2026: desempleo alto e inflación que no termina de ceder
Los datos más recientes muestran por qué la versión simple de la curva no basta. A inicios de 2026, la tasa de desocupación se ubicó en torno a 8,9% en el trimestre enero-marzo según el INE, encadenando más de tres años sobre el 8%, mientras la inflación anual rondaba el 3,9% hacia mayo, todavía algo por encima de la meta de 3%. Si la curva original fuera una ley de hierro, un desempleo tan alto debería venir acompañado de inflación muy baja. Que no sea así se explica por los factores que la versión simple ignora: shocks de oferta, un tipo de cambio que encarece lo importado, expectativas que se cuelan en reajustes de arriendos y contratos, y una informalidad que hace que la cifra de desempleo no refleje del todo la holgura real del mercado laboral. Para interpretar bien ese 8,9% conviene entender cómo se mide el desempleo en Chile y qué tipos existen.
Por qué las expectativas son el corazón del asunto
El elemento más importante de la curva de Phillips moderna es que ya no es una relación mecánica entre dos variables, sino una historia sobre credibilidad. Por eso el Banco Central publica cada mes la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) y la Encuesta de Operadores Financieros (EOF): si los agentes esperan inflación de 3%, esa cifra tiende a realizarse; si esperan 5%, empresas y trabajadores ajustan precios y reajustes, y la inflación tiende al 5%. Cuando los consejeros repiten en entrevistas que la meta es 3%, no es marketing: es política monetaria pura. Cuanto más creíble el ancla, más plana la curva de corto plazo y menos empleo cuesta cada punto de desinflación.
Esa credibilidad también explica el enigma internacional de la década de 2010, cuando varios países desarrollados tuvieron desempleo en mínimos históricos e inflación bajísima —la curva parecía «muerta»— hasta que el repunte inflacionario posterior a la pandemia la reactivó con fuerza. La lección práctica: la curva no es una ley física fija; cambia de forma según las expectativas y la credibilidad del banco central. En Chile, economía pequeña y abierta donde el tipo de cambio se traspasa rápido a precios, la relación tiende a ser más visible que en las grandes economías avanzadas.
Qué significa la curva de Phillips para tu bolsillo
Todo esto se traduce en decisiones concretas. Cuando el Banco Central sube la TPM para frenar la inflación, las tasas de créditos de consumo e hipotecarios también suben, el pie y las cuotas se encarecen y el mercado inmobiliario se enfría. Al mismo tiempo, una economía más fría frena las contrataciones y aumenta el riesgo de despido en sectores cíclicos como construcción, retail y manufactura. Y tu sueldo real —lo que de verdad puedes comprar— depende de si los reajustes nominales le ganan o no a la inflación. La próxima vez que leas que «el Banco Central mantuvo la tasa para no arriesgar la convergencia de la inflación», estarás viendo la curva de Phillips en acción: la autoridad calcula cuánto empleo está dispuesta a sacrificar hoy para asegurar precios estables mañana.
Preguntas frecuentes
¿Qué muestra la curva de Phillips?
Muestra la relación inversa entre inflación y desempleo: cuando el desempleo baja, los salarios y los precios tienden a subir más rápido, y viceversa. Se grafica como una curva descendente con el desempleo en el eje horizontal y la inflación en el vertical.
¿Por qué dejó de funcionar la curva de Phillips en los años setenta?
Porque apareció la estanflación: alta inflación y alto desempleo al mismo tiempo, algo que la curva original no podía explicar. Friedman y Phelps mostraron que el trade-off solo opera mientras la inflación sorprende a la gente; cuando las expectativas se ajustan, el efecto sobre el empleo desaparece.
¿Cuál es la diferencia entre la curva de Phillips de corto y de largo plazo?
En el corto plazo existe un intercambio: más inflación puede reducir temporalmente el desempleo. En el largo plazo la curva es vertical: el desempleo vuelve a su tasa natural (NAIRU) y lo único que cambia de forma permanente es la inflación.
¿Cómo se aplica la curva de Phillips en Chile?
Es el mapa mental detrás de la Tasa de Política Monetaria del Banco Central. En el ciclo 2021-2023, la inflación llegó a 14,1% y la TPM subió hasta 11,25%; el costo de esa desinflación fue un desempleo que se acercó a 9%, ilustrando el trade-off de corto plazo.
La curva de Phillips empezó como una observación estadística, se transformó en una promesa política y terminó enseñando una verdad más humilde: la economía no es una máquina de palancas, sino un sistema lleno de personas que aprenden, anticipan y reaccionan. El trade-off entre inflación y desempleo existe, pero es temporal y depende de lo que todos esperamos que pase. Para ver el otro lado de esta historia —cómo la decisión de tasa llega hasta tus créditos y tu empleo—, revisa nuestra guía de política monetaria en Chile.
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