Elasticidad precio de la demanda: por qué algunos precios suben y igual sigues comprando

Imagina que el precio de la bencina sube un 10%. ¿Dejas de usar el auto? Probablemente no: sigues cargando casi lo mismo porque necesitas llegar al trabajo. Ahora imagina que tu marca favorita de bebida sube un 10% mientras las demás se mantienen. Es muy posible que cambies a otra marca sin pensarlo dos veces. Esa diferencia de reacción —seguir comprando pase lo que pase, o huir ante el primer aumento— es justamente lo que mide la elasticidad precio de la demanda. Es uno de los conceptos más útiles de la economía para entender por qué algunos productos pueden subir de precio sin perder clientes y otros no.

Qué es la elasticidad precio de la demanda

La elasticidad precio de la demanda mide cuánto cambia la cantidad que la gente compra de un bien cuando cambia su precio. En palabras simples: responde a la pregunta «si esto sube de precio, ¿cuánto deja de comprar la gente?».

Se calcula como una proporción entre dos variaciones porcentuales:

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Elasticidad = variación porcentual de la cantidad demandada ÷ variación porcentual del precio.

Por ejemplo, si el precio del pan sube un 20% y la cantidad que la gente compra cae solo un 5%, la elasticidad es 5 ÷ 20 = 0,25. Como ese número es menor que 1, decimos que la demanda del pan es inelástica: la gente reacciona poco al cambio de precio. En cambio, si el precio de las entradas de cine sube un 20% y las ventas caen un 40%, la elasticidad es 40 ÷ 20 = 2; mayor que 1, una demanda elástica.

Una aclaración técnica: como precio y cantidad se mueven en direcciones opuestas (sube el precio, baja la cantidad), el resultado matemático es negativo. Por comodidad, los economistas suelen hablar del valor absoluto, ignorando el signo. Lo importante no es el signo, sino qué tan grande es el número.

Demanda elástica vs. inelástica: la diferencia que importa

Toda la idea se reduce a clasificar los productos según cuánto reacciona su demanda:

Demanda inelástica (elasticidad menor que 1): la cantidad apenas cambia aunque el precio suba. Son bienes que se consideran necesarios o difíciles de reemplazar. El ejemplo clásico en Chile son los medicamentos crónicos: alguien con hipertensión o diabetes va a comprar su remedio aunque suba, porque no tiene alternativa real. Lo mismo ocurre con la electricidad, el agua o el transporte para ir al trabajo.

Demanda elástica (elasticidad mayor que 1): un pequeño aumento de precio provoca una gran caída en las ventas. Son bienes con muchos sustitutos o que no son esenciales: una marca específica de yogur, los pasajes aéreos para vacaciones, comer en un restaurante, o un modelo de zapatillas. Si suben mucho, simplemente eliges otra opción o postergas la compra.

Demanda unitaria (elasticidad igual a 1): el caso intermedio, donde la cantidad cambia en la misma proporción que el precio.

Para entender bien por qué algunos bienes tienen sustitutos y otros no, te recomendamos leer nuestro artículo sobre bienes sustitutos y complementarios, que es la otra cara de esta misma moneda.

Qué hace que una demanda sea más o menos elástica

La elasticidad no es algo aleatorio: depende de características concretas del producto y de tu situación como consumidor. Estos son los factores principales.

1. Disponibilidad de sustitutos. Es el factor más importante. Mientras más alternativas tengas, más elástica será la demanda. La sal de una marca específica es muy elástica (hay decenas de marcas), pero la sal en general es inelástica (no hay reemplazo).

2. Necesidad vs. lujo. Los bienes de primera necesidad tienden a ser inelásticos (pan, remedios, locomoción), mientras que los lujos y caprichos son elásticos (un viaje, un celular de última generación, una cena cara).

3. Proporción del presupuesto. Si un bien representa una parte mínima de tus gastos, te importa poco que suba. La sal o los fósforos pueden duplicar su precio y casi no lo notas. Pero si el arriendo o el plan de internet suben, lo sientes de inmediato y buscas opciones.

4. El tiempo. A corto plazo la demanda suele ser más inelástica; a largo plazo, más elástica. Cuando subió fuerte la bencina, al principio la gente siguió cargando igual. Con el tiempo, algunos cambiaron a autos más eficientes, empezaron a usar transporte público o se mudaron más cerca del trabajo. El tiempo da margen para ajustarse.

5. Definición del mercado. Mientras más estrecha sea la categoría, más elástica es. «Las bebidas» son inelásticas, pero «la bebida marca X de 1,5 litros» es muy elástica.

Por qué esto le importa a las empresas (y a tu bolsillo)

La elasticidad no es solo teoría de pizarrón: determina decisiones de precios que afectan lo que pagas todos los días. La clave está en cómo se relaciona con el ingreso total de una empresa, que es simplemente precio × cantidad vendida.

Si un producto tiene demanda inelástica, a la empresa le conviene subir el precio: como la gente seguirá comprando casi lo mismo, recauda más. Por eso productos como los combustibles, el tabaco o ciertos servicios básicos pueden encarecerse sin que las empresas pierdan ventas significativas.

Si el producto tiene demanda elástica, subir el precio es contraproducente: las ventas caen tanto que la empresa termina ganando menos. En esos mercados las empresas compiten ferozmente con descuentos, ofertas y promociones, porque saben que bajar el precio les puede traer muchos clientes nuevos. Piensa en las guerras de precios entre supermercados o entre aerolíneas low cost.

Esto también explica una herramienta que usan muchas empresas: cobrar precios distintos a distintos grupos de clientes según qué tan sensibles son al precio. Si te interesa ese mecanismo, revisa nuestro artículo sobre discriminación de precios.

Ejemplos chilenos para fijar la idea

El transporte público. Cuando sube la tarifa del Metro o la micro, los reclamos son enormes, pero la mayoría sigue usándolo porque necesita llegar al trabajo o a estudiar. Es un caso típico de demanda inelástica, al menos en el corto plazo. Esto explica por qué los ajustes de tarifa generan tanto debate político.

El «18» y los asados. Cerca de Fiestas Patrias, la demanda de carne para asado se dispara y los precios suben. Mucha gente paga igual porque el asado es parte de la tradición, pero quienes son más sensibles al precio cambian a cortes más baratos o compran antes. Distintos consumidores muestran distinta elasticidad ante el mismo producto.

El delivery de comida. Las apps de reparto tienen demanda elástica: si suben mucho las tarifas de envío o los precios, la gente simplemente cocina en casa o cambia de plataforma. Por eso compiten tanto con cupones y promociones.

Los planes de telefonía e internet. Antes eran más inelásticos; hoy, con la portabilidad numérica y la competencia, se volvieron elásticos: un alza de precio empuja a muchos a cambiarse de compañía. Es un buen ejemplo de cómo un cambio en las reglas del mercado (más facilidad para cambiarse) aumenta la elasticidad.

Un error común: elasticidad no es lo mismo que demanda alta

Conviene aclarar una confusión frecuente. Que un producto tenga mucha demanda no significa que su demanda sea elástica. Son cosas distintas. La «cantidad demandada» es cuánto se compra; la «elasticidad» es cuánto cambia esa cantidad cuando se mueve el precio. El agua potable tiene una demanda enorme —todos la consumimos todos los días— y a la vez es profundamente inelástica, porque seguiríamos comprándola aunque subiera de precio. En cambio, un producto de nicho que casi nadie compra puede ser muy elástico si quienes lo compran dejan de hacerlo apenas sube un poco. La pregunta de la elasticidad nunca es «¿cuánto se vende?», sino «¿qué tan sensible es lo que se vende a un cambio de precio?».

Cómo usar este concepto en tu vida diaria

Entender la elasticidad te convierte en un consumidor más astuto. Cuando un producto sube de precio, pregúntate: ¿tengo sustitutos reales? Si la respuesta es sí, tienes poder de negociación: puedes cambiar de marca, de proveedor o postergar la compra, y eso presiona a las empresas a moderar sus precios.

También te ayuda a interpretar las noticias económicas. Cuando escuches que el Estado subió un impuesto específico a un producto, ahora sabes por qué suele elegir bienes inelásticos como el tabaco o los combustibles: la recaudación se mantiene porque la gente sigue comprando. Y cuando una empresa anuncia grandes descuentos, sabes que probablemente opera en un mercado elástico donde el precio es su arma principal para competir.

En el fondo, la elasticidad es una forma de medir tu propio poder como consumidor. Mientras más alternativas tengas y más dispuesto estés a cambiar tus hábitos, más elástica es tu demanda y más te protege de las alzas de precio.

Lleva tu comprensión de la economía al siguiente nivel

La elasticidad precio de la demanda es una de esas ideas que, una vez que la entiendes, empiezas a ver en todas partes: en el supermercado, en la bencinera, en las noticias y en tus propias decisiones de compra. Si quieres seguir descubriendo conceptos así de prácticos, descarga nuestra guía gratuita con los 10 conceptos económicos esenciales para empezar a entender la economía desde cero.

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